En Mérida, Yucatán. México. 2024.
Ubicada en el centro de la ciudad de Mérida, Yucatán, en un terreno de forma irregular y un árbol de guaya como único elemento existente previo al proyecto.
El concepto parte del sincretismo entre la cosmovisión de la civilización maya y las ideas introducidas a partir de la llegada de los españoles a la región, dando lugar a una interacción de significados y simbolismos que han permeado en la identidad de la arquitectura de la región.

El conjunto se distribuye a partir de un eje principal “sacbé” (sakbej – camino blanco) entre el acceso y el árbol de guaya, enmarcando el último como un remate tangible; contenido entre la diagonal del muro existente y un muro convergente nuevo, reforzando la intención. El árbol, representando la naturaleza como elemento vital, es abrazado por un cuerpo de agua circular, evocando al cenote sagrado; generando un nodo que pausa, articula y distribuye.

Con un esquema que obedece a la morfología del terreno, emplazando los elementos para el mayor aprovechamiento de las orientaciones y visuales, generando recorridos pausados por la vegetación en un diálogo entre la penumbra y la luz. Conformado por volúmenes sólidos con una materialidad que evoca la mezcla del sascab (sahkab – tierra blanca) con kankab (k’aankab – tierra roja), sustratos propios de la zona; techos a doble altura, el dominio del macizo sobre los vanos y con una fachada cerrada que se alinea al paramento, haciendo alusión a los elementos de las casas coloniales.

El programa arquitectónico parte de las necesidades y actividades del usuario. Los elementos se ordenan jerárquicamente en relación al nodo y se incorporan estratégicamente creando un conjunto tejido con la vegetación, difuminando los umbrales entre el interior y el exterior.

Las piezas monocromáticas emergen como elementos escultóricos, propiciando sombras dinámicas y generando en su interior un ambiente silencioso, cálido e íntimo, que se desvanece a través de la luz.
























