La arquitectura no es un lujo, es un derecho. Y ya estuvo bueno de fingir lo contrario: ella es para todos.

Dame 10 minutos y hagamos consciencia juntos…
A ver… siempre que alguien escucha la palabra “arquitecto”, piensa en casas gigantes, clientes con lana, renders perfectos y presupuestos que marean. Como si la arquitectura fuera un deporte exclusivo para ricos.
Pues no, carajo! La arquitectura es para todos. Para el que tiene millones… y para el que está levantando su casa con block y sudor.

Entonces, ¿por qué chingados seguimos actuando como si la arquitectura fuera un privilegio? ¿Por qué nadie habla de diseño para la gente que vive al día? ¿Por qué no entregarle a quienes tienen pocos recursos espacios dignos, bien pensados, bonitos, funcionales… aunque se construyan de poquito en poquito?
¿Por qué les platico esto? ¿En qué me basé para sentir un madrazo en el corazón?
Bueno, más allá de mis años en esto, para mí, la gente con la que trabajo en obra es sagrada, mis maestros y contratistas son quienes le dan cuerpo a nuestras creaciones, si… esas que normalmente son solicitadas por gente con billete… pero no podemos dejar de reconocer y a veces de pegarles una mentadita porque la cagaron, pero son los que meten las manos por nosotros… después de este breve homenaje… qué me movió?

Uno de mis maestros, de esos que muchos años llevamos juntos trabajando, que es verdaderamente un chingón y nos ayuda siempre a resolver las problemáticas de obra, me invitó a echar una barbacha (Una barbacoa, pero no cualquier barbacoa… esa que se cocina lento, en un hoyo de tierra con penca de maguey, con paciencia, con humo, con tradición… con ese sabor que te abraza el alma después de una noche larga o un domingo familiar, en un pueblo del Estado de México.

Me sorprendió ( lo digo sinceramente) al ver la calidad de su casa… qué digo casa, un caserón! Pues yo… y con toda la humildad del mundo lo expreso, nunca me imaginé que tuviese desde un programa arquitectónico que funciona bien, orientación, preocupación por la iluminación natural, ventilación y bueno… al final del día, una casa digna de cualquier «zona popis» de CDMX, bien terminada, la carpintería bien ejecutada, los acabados bien definidos, espacios amplios… vaya, una sorpresa… pero mi mayor sorpresa fue cuando le pregunté «Oiga maestro, lo felicito por su casa y su familia que los tiene como reyes…» su respuesta fue: «arqui… esta casa la empecé hace casi 7 años y al fin pude terminar…»

Si, me llevé la sorpresa más grande al ver que 7 años de su vida los vació en su sueño, ese de tener su caserón… y si, lo logró, pero lo más sorprendente fue su paciencia, su visión, su enfoque… el nunca tirar la toalla y esa fue una lección para mi… el tratar de entender que no existe sueño que no se pueda cumplir… él, mi maestro Beto, que tanto admiro empezó desde abajo como la mayoría de la gente que se dedica a esto… y por eso esta reflexión.
La arquitectura también es para el barrio
La arquitectura no es una foto bonita en Instagram. Es el lugar donde duermes, donde crías a tus hijos, donde te refugias cuando la vida se pone cabrona. Y eso aplica igual para quien vive en una casa de revista que para quien está levantando un cuarto con lo que puede.
La arquitectura para pobres no significa “hacer barato”. Significa hacer con cabeza, con sensibilidad, con respeto. Significa dejar de ver a la gente como “casos sociales” y empezar a verlos como personas que merecen diseño, belleza y funcionalidad.

Construir por etapas no es un pecado
La mayoría de las familias mexicanas construyen así: un cuartito hoy, un baño el próximo año, una losa cuando se pueda y cuando caiga algo de lana.
Eso no es malo. Lo malo es hacerlo sin un plan, sin una guía, sin un diseño que les permita crecer sin que la casa termine siendo un Frankenstein de block y lámina.
Lo que propongo es simple:
- Darles un proyecto base, claro y modular.
- Que cada etapa tenga sentido.
- Que la casa pueda crecer sin perder funcionalidad.
- Que la estética no sea un lujo, sino un derecho.
- Que la dignidad no dependa del presupuesto, sino de ofrecer lo que muchos pudimos lograr… conocimiento.
No se trata de regalar casas. Se trata de compartir criterio! De enseñarles a construir con intención, aunque sea con poco… pero todo suma, todos sumamos.

El verdadero problema no es el dinero.
El problema es cultural. Nos metieron la idea de que la arquitectura es para quien puede pagarla. Y mientras tanto, millones de familias construyen como pueden, sin asesoría, sin diseño, sin seguridad.
La arquitectura debería ser una herramienta para mejorar la vida de la gente. No un lujo aspiracional.

Conclusión.
La arquitectura para pobres NO es una categoría menor. Es una deuda. Una deuda con la gente que siempre ha construido sola, con lo que tiene, como puede…
…y ya es hora de saldarla. Con diseño… con respeto… con dignidad… con huevos!
Déjanos tu comentario acá abajo y nutramos de ideas, cómo podemos unirnos y regresarle al mundo… a ese mundo que no puede costear un diseño la manera de integrarlos a lo que somos y que muchas veces no los queremos ver… humanos.


👏🏻👏🏻👏🏻 se tenía que decir y se dijo! Totalmente de acuerdo! 👍🏻👍🏻👍🏻