por Manuel Ángel Bugallo Otero

¿Cómo intervenir en una vivienda con estructura de piedra y madera de cerca de 200 años? ¿Cómo rehabilitar un hórreo o almacén de grano del siglo XVII? ¿Qué podemos aprender de este tipo de arquitectura? En la actualidad, no encontramos ante el reto de intervenir en las denominadas “arquitecturas sin arquitectos” con la difícil tarea de mantener el sentido común y el equilibrio ambiental y técnico  con que fueron levantadas.

En la antigüedad, los hombres primitivos vivían en pequeños territorios prácticamente aislados, donde el aprovechamiento de los recursos locales era fundamental para su desarrollo como grupo social, dando lugar a una serie de formas arquitectónicas denominadas arquitectura vernácula o popular.

A lo largo de toda la geografía mundial, las diferentes arquitecturas populares han dado respuesta a las necesidades más básicas del ser humando como el cobijo frente a la acción del clima y la protección contra otros grupos humanos y bestias salvajes. Nos encontramos ante arquitecturas con un alto nivel de adaptación al territorio donde el nombre al no poder “dominar a la naturaleza” se adaptaba a ella manteniendo un estado de equilibrio perfecto entre las condiciones geográficas, climáticas, socioculturales y técnicas.

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01_Muiño do Campo, molino  hidráulico harinero en el río Xesta, Pontevedra, España. Fotografía de BUO Estudio Arquitectura + Paisajismo.

Cuando hablamos de una arquitectura popular nos referimos a una construcción de carácter preindustrial que emplea métodos constructivos artesanales con una limitación en cuanto recursos materiales y técnicas constructivas, que se encuentra perfectamente adaptada a su lugar de emplazamiento y al microclima de la zona, además de ser una obra anónima con una estrecha participación de sus destinatarios tanto en el diseño como en su construcción. En resumen, nos encontramos ante una arquitectura sin pretensiones teóricas pero que refleja claramente las condicionantes del medio físico, cultural, social y económico en las que fue ejecutada. 

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02_Chozo o refugio de pastores en la Sierra del Suído, España. Fotografía de BUO Estudio Arquitectura + Paisajismo.

Pero, ¿cuál ha sido la valoración de la arquitectura popular por parte de los arquitectos? ¿Hemos aprendido algo de ella? ¿Hemos reflexionado entorno a ellas? Durante siglos los tratados de arquitectura centraron su atención en la arquitectura monumental hasta que a finales del siglo XIX en Inglaterra con el movimiento Arts and Crafts comienza a haber un interés por el patrimonio vernáculo como respuesta al proceso de industrialización, proponiendo la vuelta de lo artesanal.

A comienzos del siglo XX, célebres  arquitectos como Frank Lloyd Wright y Le Corbusier se interesaron por el estudio de las formas tradicionales, viendo en ellas cualidades que en palabras del segundo “eran la materia prima de la arquitectura, es decir, del arte de construir.” Pero fue en el año de 1964 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York cuando se inaugura la exposición Architecture without Architects de la mano del arquitecto Bernard Rudofsky que mediante una muestra de arquitectura vernácula de todo el mundo buscaba mostrar al mundo como “los arquitectos anónimos en espacio y tiempo demuestran un admirable talento para insertar sus edificios en sus contextos naturales.” En vez de intentar conquistar la naturaleza, como hacemos nosotros, ellos abrazaban los agentes climáticos y los condicionantes topográficos.” La muestra a pesar de ser bastante disruptiva para su época contó con el apoyo de grandes profesionales de la arquitectura como Pietro Belluschi, Walter Gropius, Richard Neutra y  Kenzo Tange, entre otros.

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03_ Vista de la exposición Architecture without Architects, Noviembre de 1964 a Febrero de 1965, MoMA New York. Fotografía de MoMA New York.

Han pasado más de cincuenta años de la exposición de Rudofsky, y en la actualidad existe legislación que promueve la puesta en valor y conservación de esta arquitectura sin autores como es la “Carta del Patrimonio Vernáculo Construido” (1999) del ICOMOS, así con un sin fin de reglamentos y leyes que buscan su protección. Pero, ¿hemos aprendido algo? ¿Se ha hecho algo para mantener las artes y los oficios que dieron lugar a estas construcciones como canteros, carpinteros y herreros? ¿En las escuelas de arquitectura se estudian en detalle este tipo de construcciones y se valoran? ¿Los arquitectos tenemos suficientes conocimientos constructivos? ¿Deberíamos de promover la autoconstrucción? ¿Cómo debemos conservar y rehabilitar el patrimonio? Estas y muchas más cuestiones son las que debemos plantearnos en el día a día de nuestra profesión, no sólo al intervenir en el patrimonio existente sino en los nuevos espacios diseñados buscando siempre el sentido común con el  genius loci o espíritu  del lugar.

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04_Casa Oubiña, estudio de estado de conservación para posterior rehabilitación. Fotografía de BUO Estudio Arquitectura + Paisajismo.

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¿Quién es Manuel A. Bugallo Otero?

(México DF. 1978)  Arquitecto por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid mediante homologación a base de prueba de conjunto.

Cuenta con el Máster en Rehabilitación y Restauración Arquitectónicas por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de la Coruña, el Máster en Renovación Urbana y Rehabilitación por la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Jardinería y Paisaje en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Valencia.

Trabajo como arquitecto colaborador en diversos despachos de arquitectura españoles destacando su participación en la elaboración de estudios y paletas cromáticas para la rehabilitación y regeneración de diversos cascos históricos.

Formó parte del grupo de trabajo Working Group of Housing Architects Council of Europe (ACE) en el desarrollo de estudios para el conocimiento y evaluación de la situación de la vivienda social en la Unión Europea.

Recibió una beca por parte del  Instituto Galego de Vivenda e Solo y la Universidad de Santiago de Compostela para trabajar como arquitecto en la Oficina de Rehabilitación del Casco Histórico de Ourense y Núcleo Etnográfico de Seixalbo.

Su despacho profesional, BUO Estudio Arquitectura + Paisajismo, surge como un estudio biofílico con la clara vocación de potenciar o fortalecer el sentido de conexión innata con la naturaleza y con todas las formas de vida, logrando el máximo bienestar físico y psíquico, no sólo de las personas sino de todos los seres vivos a través del diseño.

Todas las críticas y opiniones presentadas en este espacio son responsabilidad del autor. ArquitectosMX no se hace responsable de lo que en ellas se presente.