Un espacio de 42 metros, rodeado de flores de cerezo y un camino hacia un parquecito son elementos suficientes para enmarcar este proyecto arquitectónico.

Se instalaron tres capas de ventanas saledizas para contemplar el paisaje y la luz dentro del edificio, convirtiéndose en una estructura abierta.

Además de poder utilizar el espacio de manera efectiva mediante el uso de ventanas panorámicas como escritorio y banco de comedor, también funciona como un alero, creando sombras en verano, brindando luz solar hacia atrás en invierno y calentando el piso de concreto.

Además de poder utilizar el espacio de manera efectiva mediante el uso de ventanas panorámicas como escritorio y banco de comedor, también funciona como un alero, creando sombras en verano, brindando luz solar hacia atrás en invierno y calentando el piso de concreto.

En la parte inferior de la ventana salediza, se pueden proporcionar ventanas pequeñas para obtener una ventilación constante incluso en días lluviosos. También se usa para regar las flores entre los miradores.

Como punto adicional, las paredes colgantes y las paredes de la cintura en los lados superior e inferior de la ventana de la bahía funcionan estructuralmente como vigas en voladizo, asegurando una abertura sin marco para capturar ambientes al aire libre como flores de cerezo y hojas de otoño en todos los pisos.