La obra de Candela replantea el papel del arquitecto en relación con los problemas estructurales de la arquitectura a partir de tres premisas: economía, sencillez de cálculo y flexibilidad

Candela es una de las figuras fundamentales de la arquitectura del siglo XX en cuanto al desarrollo de nuevas formas estructurales de hormigón armado se refiere.

Después de haber sido exiliado de España en 1939, Félix Candela desembarca en Veracruz, del Sinaia, con el fin de encontrar asilo en uno de los países más hospitalarios: México. Su llegada, vino de la mano con una prosperidad económica en la que se encontraba el país, dando como consecuencia la evolución en la industria de la construcción.

En ese entonces, sus propuestas que encajaban tanto en el proceso de construcción de la época como en el bajo costo de su ejecución.

Entre todas sus obras destacan sus estructuras en forma de cascarón generadas a partir de paraboloides hiperbólicos, una forma geométrica de una eficacia extraordinaria que se ha convertido en el sello distintivo de su arquitectura y que le da forma a el Laboratorio de Rayos Cósmicos en 1952 para la Ciudad Universitaria de México, con su cubierta ondulada de hormigón; a la iglesia de La Milagrosa de 1953 en la colonia Narvarte de la Ciudad de México; a el restaurante Los Manantiales de 1958 en Xochimilco y a el Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México celebrados en 1968, un impresionante edificio proyectado junto con Enrique Castañeda y Antonio Peyrí, cubierto por una gran cúpula picuda forrada en cobre.