En un predio de 2000 m2 dentro de la selva en la zona de Bonfil en Cancún, Quintana Roo, se nos encargo diseñar un par de casas para una familia de hermanos.

El análisis del sitio se dio de manera natural, eran terrenos ganados a la selva del cual se podía rescatar solamente los grandes árboles existentes y su proporción casi cuadrada. Sin embargo, lo que despertó nuestra curiosidad y detonó la línea de diseño que más tarde utilizaríamos fueron los caminos construidos a partir de un material nuevo para nosotros pero milenario en la región llamado Sascab (Saskab) (maya: Sahkab, «tierra blanca»).

Aficionados a la corriente conocida como Regionalismo crítico, intentamos utilizar en nuestros proyectos elementos contextuales de formas inusuales para despertar los sentidos en el observador y el usuario hacia una constatación inconsciente de que la obra pertenece al lugar. De la misma manera, reminiscencias de la arquitectura prehispánica de la Ruta Puc, con sus grandes proporciones rectangulares y antepechos, nos ayudaron a crear un sentimiento de pertenencia que nos aleja de la tabula rasa de la arquitectura moderna y nos acerca a reencontrar una más sensible y razonable.

 

Las casas se sitúan cada una sobre un terreno independiente de 1000m2, con la opción de separarlas con un muro intermedio si se diera la necesidad. Sin embargo, la integración espacial y visual de las 2 casas es necesaria. Los muros de Sascab apisonado (tapial) de 40 y 60 cm de espesor sirven para delimitar, conformar y climatizar los espacios tanto interiores como exteriores; su coeficiente aislante minimiza el uso del aire acondicionado por lo que se utilizaron como colchón solar de las orientaciones oriente y poniente.

 


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