La generación de energía eléctrica inició en México a fines del siglo XIX. La primera planta generadora que se instaló en el país (1879) estuvo en León, Guanajuato, y era utilizada por la fábrica textil “La Americana”. Casi inmediatamente se extendió esta forma de generar electricidad dentro de la producción minera y, marginalmente, para la iluminación residencial y pública.

El régimen de Porfirio Díaz otorgó al sector eléctrico el carácter de servicio público en 1881, cuando la Compañía Knight instaló 40 lámparas eléctricas incandescentes “de arco” en la Plaza de la Constitución, cien más en la Alameda Central y así comenzó la iluminación de la entonces calle de Reforma y de algunas otras vías de la Ciudad de México. Así se desplazó hacia 1890 el alumbrado público a base de aceite de nabo, que estuvo en servicio justamente un siglo.

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En 1889 comienza a operar la primera planta hidroeléctrica en Batopilas (Chihuahua), logrando  extender las redes de distribución hacia mercados urbanos y comerciales. En 1892 se utilizaba la electricidad, generada por vapor en San Luis Potosí. Los bosques que cubrían completamente la sierra fueron talados para usar esa madera como combustible. También en esa época se forma la Compañía eléctrica de “Luz y Fuerza” de Pachuca, que abastecía de energía eléctrica las minas de Real del Monte y El Oro.

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En 1897 la empresa cuprífera de “El Boleo” en Baja California instala un generador eléctrico accionado por vapor, que para 1906 ya contaba con el generador el más moderno y eficiente de esa época. El 2 de diciembre de 1933 se decreta la generación y distribución de electricidad como actividades de utilidad pública. En 1937 México contaba con electricidad para 7 millones de habitantes que era proporcionada por tres empresas privadas.

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