En el 48 aniversario del Metro de la Ciudad de México, celebremos sus historias junto con los murales que decoran sus interiores

Muchas veces perdemos de vista los valores artísticos que alberga el metro de la ciudad debido a la fugacidad de nuestra permanencia dentro de él, sin embargo, los insólitos murales que están plasmados en sus paredes complementan de manera folclórica los paisajes cotidianos dentro y fuera de los trenes.

Códice y Mural

Guillermo Cisneros, autor de la obra, se tomó un año para terminarla; la inauguración fue el 25 de mayo de  1987. En más de 600 m² están plasmados los códices Ramírez y Boturini que revelan la peregrinación de los mexicas, desde su salida de Aztlán, hasta su llegada al Valle de México para fundar Tenochtitlan. Esta obra que reside en la estación Tacubaya de la Línea 1, está hecha con una técnica de acrílico sobre una cama de fibra de vidrio, lo que permite su restauración.

El tren del Ouróboros 

El símbolo de la serpiente Ouróboros, aquella que se come a sí misma, representa la naturaleza cíclica de la vida; el eterno regreso. Marco Zamudio, autor del mural, trató de transmitir la sensación de dar vueltas infinitas, del constante retorno a la “serpiente naranja”, así como a la rutina de cada pasajero que deambula por sus vagones. El mural, ubicado en la estación Tlatelolco de la Línea  3, mide 5 x 9 m, tiene 14 paneles y, rescatando la pintura realista y el retrato de la psicología, se inspira en personajes de la ciudad. Zamudio pinta desde el bolero hasta el pintor que quiere salir del cuadro y unirse a la realidad del espectador.

Retrato a la francesa

En la estación de Bellas Artes se puede encontrar este mural. Creado por el pintor francés Jean-Paul Chambas debido a la inspiración que le causó México después de ver toda la riqueza cultural que ofrece nuestro país. En esta obra, el artista francés deleita a los espectadores con una serie de símbolos y personajes entre los cuales podemos encontrar dos máscaras teotihuacanas con matices azul turquesa, la figura de Miguel Hidalgo y San Diego, zapatos de tacón rojos, el rostro de María Félix, un avión biplano, un autorretrato, un hombre que vuela, caballos, una planta de agave, la construcción del Palacio de Bellas Artes, una calavera mariachi que toca una guitarra,  a Emiliano Zapata y a Francisco Villa.

El Grafiti de Garibaldi

Rompiendo con la imagen típica del Mariachi y el Tequila, en la estación de Garibaldi, los artistas urbanos Blacksay, Mamboska, C. Hackoe A.S., Nat, Zebedeo y Padaone (originarios de España, Bélgica, Tijuana y de la Ciudad de México), estamparon una visión más cotidiana del ciudadano mexicano; aquella en donde los caminos convergen y nos unen en la brevedad del tiempo para transportarnos al destino que queremos alcanzar.

La bóveda celeste

En los pasillos de la estación La Raza, hay un espacio que nos acerca con el universo y nos permite vivir la sensación de estar en un viaje espacial entre planetas, estrellas, galaxias y constelaciones. Ubicado en medio del túnel de la ciencia que enlaza las líneas 3 y 5 de la estación La Raza, encontramos esta representación de la Bóveda Celeste. Realizado por personal del Museo de las Ciencias, Universum, e inaugurado el 30 de noviembre de 1988, el mural te permitirá localizar las constelaciones del zodiaco y aquellas visibles en los cielos de otoño; los casquetes estelares norte y sur; y la Vía Láctea dentro de un diseño arquitectónico ambientado con iluminación eléctrica en color azul neón.